El Líder Prerararse para Períodos Postcrisis Zaragoza Aragón

En las situaciones críticas, la tripulación mantiene la mirada en el jefe de las empresas, esto hace que el líder antes o durante la crisis influya en como transite el equipo, y la salida de la tormenta una vez que este tenga la solución...

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El Líder Prerararse para Períodos Postcrisis

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El liderazgo actual ya no depende de estilos, que es una cosa del pasado. Hoy en día son los valores los que definen si el líder continúa evolucionando y a qué ritmo. El desarrollo de un liderazgo generoso hacia el equipo propio y competitivo hacia el mercado, es la mejor fórmula para aumentar la probabilidad de transitar la crisis, salir fortalecido de la misma y con una visión bastante clara de un futuro deseado para la organización.
Seguramente el líder del que estamos hablando (que antes que nada es una persona con una educación que supera la mera formación académica, un sentido ético y una concepción del respeto y la valoración por los demás), viene desarrollando su rol apoyado en dichos valores. Y es esto lo que lo lleva a instalarlos y validarlos en su entorno laboral.

Ahora bien, cómo hace el líder una vez que ha conseguido alinear a su equipo a las variables reinantes en época de crisis, para mantener el modo de funcionamiento que le permitirá salir de la misma, y luego cambiarlo por el que será vigente cuando la tormenta termine?

El conductor actual gestiona instalado en el paradigma del repensarse permanentemente a sí mismo, a la organización que lidera y al mundo en el que vive. Eso le permite, en principio y traducido al marco de su funcionamiento, proveer y construir el futuro. Esta actitud intelectual y especialmente ejecutiva, le viene permitiendo entender que así como se puso el traje de fajina y estimuló a cada integrante de su equipo a que en crisis saliera con el cuchillo comercial entre los dientes, en cualquier momento se lo sacará y volverá a su indumentaria de convivencia para tiempos menos conflictivos.

Así como logró que todos entiendan que, en plena crisis las prioridades son vender, cobrar en tiempo y forma y mantener asociados a los clientes, ya está mirando el horizonte postcrisis y observando sus visiones posibles.

El líder visionario, al tener las primeras imágenes firmes de los futuros escenarios posibles, reúne a su equipo de colaboradores inmediatos (los cinco o seis gerentes de área) y los introduce en el tema, los moviliza. Les transmite: “muchachos estemos acá pero empezamos a estar allá”. Apertura, comunicación, pedido de visiones alternativas, valoración por la diversidad, generación de conocimiento, actitudes que responden genuinamente a sus valores. Genera a su vez el efecto dominó, impulsándolos a que desarrollen la misma conducta con sus respectivos equipos. Procura que la información vaya y vuelve, que circule, que nadie la retenga, que nadie se la guarde. Eso sería prehistoria, viejos exponentes arrumbados de líderes débiles, inseguros, temerosos de que alguien más capaz les quitara cetro y corona.

Rápidamente genera las instancias para que toda la empresa se movilize y, sin dejar de gestionar la crisis actual, comienze a desarrollar el ejercicio de repensarse postcrisis. Juega y promueve el juego, lo comparte y se iguala ante todos aviniéndose a las mismas reglas. Naturalmente, fortalece a su equipo y logra integrar e integrarse a todos. Un equipo en estas condiciones es la plataforma para lograr el impulso natural hacia la etapa que está por venir.

El líder visionario insta a toda su compañía a interactuar con el mercado. A que cada uno desde su lugar de trabajo, capte información, busque, intercambie y que lo haga con agilidad y generosidad. Todos queremos recibir algo a cambio de lo que damos. Toda la compañía, activamente, comienza a buscar a los referentes externos (clientes, proveedores, profesionales independientes, servicios tercerizados) que serán las puntas de la red sobre la que se construirá el cambio en los que la compañía se apoyará para lanzar la etapa postcrisis.

Toda la compañía generará clima. En algún punto el mercado percibe que la empresa es distinta, se diferencia, genera atracción y deseos de asociación de parte de sus clientes reales y los que alguna vez fueron potenciales.

Los resultados comienzan a notarse, el clima dentro de la empresa sigue siendo bueno, se abren posibilidades de desplegar creatividad e innovación frente a etapas que demandarán otro tipo de acciones e iniciativas.

El líder visionario abre el juego a todos los miembros de su equipo para que todos tengan las mismas posibilidades. Seguramente surgirán quienes se destaquen y a quienes quizás se les confíen responsabilidades más sofisticadas. Pero habrán salido de la base y seguramente serán apoyados por la mayoría. No arma “Comité de…..”, estimula que los grupos de interés y aplicación de capacidades diferenciales se armen naturalmente a partir de la confianza transmitida a todos por igual.

Consigue que los accionistas se involucren en el proceso, perciban sí o sí el movimiento que genera en la empresa y lo respalden. Cruza el “alambrado” de sus propios mapas mentales y lleva con él a todos los que están involucrados. Estamos hablando de personas reales, que han existido, existen y existirán y dejan huella y algo fructífero en todos aquellos que han tenido la suerte de compartir algo con ellos. Hagan por favor el ejercicio de buscar en la realidad líderes de estas características: verán que surgirán en sus mentes las imágenes de algunos de ellos, y con un poco más de esfuerzo se agregarán algunos más.

La profunda diferencia que fortalece al líder visionario es que, siendo distinto, se muestra como un igual, pese a que todos saben que cumple el rol más importante de la compañía. Conduce a su equipo por un camino que él vió antes que todos y que, sin embargo, comparte con la convicción, ingenio y generosidad que sólo los grandes despliegan naturalmente.

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