Desafortunadamente la expresión “Gestión del tiempo” crea una falsa impresión sobre lo qué puede hacer una persona. El tiempo no puede ser gestionado: es incontrolable. Lo único que podemos hacer es mantenerlo bajo control y dominar nuestro uso personal del mismo, aunque no lo parezca, la diferencia es notable respecto a la primera afirmación.
La gestión del tiempo consta básicamente de dos partes:
• Planificación: Decidir de antemano cuándo trabajarás.
• Gestión de prioridades: Decidir de antemano que harás y en qué orden
Para trabajar más eficientemente (y así hacer más trabajo en menos tiempo), necesitarás las dos partes. No tiene sentido planificar tu tiempo de trabajo si no lo usas de la manera más eficientemente posible y es muy difícil trabajar eficientemente, si no has planeado el momento para hacerlo. En el centro de la gestión del tiempo hay un cambio importante en el que necesitas focalizar: concéntrate en lograr resultados, no en estar ocupado.
Lucha contra el reloj
Un buen gestor del tiempo es alguien que puede estimar exactamente el tiempo necesario para finalizar sus tareas, citas y reuniones. Alguien menos experimentado generalmente tiende a subestimar el tiempo necesario para realizar un trabajo. Por ejemplo, pueden planificar fácilmente realizar un trabajo que toma 12 horas en un día laboral que tiene 8 horas. Notan que el reloj es su enemigo y se estresan. Se sienten inseguros de sus capacidades. Esto no es necesario. Son simplemente las víctimas de un error en la planificación.
Vamos a comprobar cómo calculas el tiempo necesario para tus tareas.
Cuántas horas de trabajo tienes al día, A =_____ horas
Cuál es el porcentaje de trabajo que realizas en promedio, B = _____ %
Tu día laboral ideal (en el que finalizas todas sus tareas) sería C = A / B ∗100 = __horas
¿Te sorprende? ¿Es más de 12 horas al día? ¿Piensas realmente que puedes con esto?
Ejemplo: suelo trabajar 10 horas al día, y me da tiempo a terminar el 80% de mi trabajo, para poder hacer el 100%, mi día ideal tendría que tener 12, 5 horas.
Como puedes ver, no se trata de trabajar más, sino de trabajar de manera inteligente.
Incrementar tu eficiencia (B) es mejor y más fácil que aumentar la duración de tu día laboral (A). Esto te deja más tiempo para tu vida social, que hace que una persona esté más relajada. Después de todo, se trata de mejorar la calidad de vida, ¿o prefieres ir siempre con el agua al cuello?
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