A pesar de tener la titulación o la experiencia requerida, se empieza a hacer hincapié cada vez más en que tal desarrolladas tienes tus competencias profesionales y habilidades denominadas “soft skills”.
¿Sabes hacer una presentación fluida, gestionar adecuadamente una reunión o mantener motivado a tu equipo de trabajo? ¿Cuáles son tus conocimientos sobre cómo solucionar un conflicto entre empleados o tus técnicas de negociación? La lista es interminable ya que el desarrollo profesional va más allá de adquirir conocimientos técnicos en el campo que sea, sino que se fomenta el desarrollo personal de aquellas habilidades innatas que uno posee, y la adquisición de aquellas otras que nos son necesarias y que en menor medida tenemos (o no).
En toda entrevista de trabajo suelen preguntarnos qué vamos a aportar a la nueva empresa, a pesar de que todos tenemos la típica respuesta preparada (que si muchas ganas de trabajar, que si mucha iniciativa…), en realidad lo que nos están preguntando es si traemos en nuestro baggage personal alguna cualidad que vaya hacer que destaquemos por encima de los demás candidatos con similar curriculum.
Hay que saber identificar que habilidades profesionales tenemos de forma innata: ¿somos líderes por carácter? ¿Somos grandes comunicadores? ¿Coordinamos a la perfección todo aquello que se nos ponga por delante o bien tenemos el don de la motivación? Sabiendo que tenemos latente nos ayuda a desarrollarlo como una competencia que pueda llegar a ser excelente y hacernos grandes directores de proyectos, supervisores de personal, formadores internos o coordinadores de área, aunque en nuestro curriculum ponga que somos o hemos estudiado cualquier otra cosa.
Identifica tus puntos fuertes y trata de desarrollarlos al máximo, y luego no te olvides de ponerlos en tu CV.
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